Las recientes decisiones de varios países, como Nepal, Irak, Jordania y otros, de bloquear o limitar determinados videojuegos en línea muestran que la industria del entretenimiento digital está entrando en una etapa más regulada, más madura y más consciente de su impacto social. Los gobiernos ya no observan los videojuegos únicamente como productos de ocio. También analizan sus efectos sobre la infancia, la vida familiar, la educación, la seguridad en línea, el comportamiento