Las 4P del marketing en la estrategia empresarial moderna: cómo las organizaciones crean, comunican y entregan valor
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Las 4P del marketing —Producto, Precio, Plaza y Promoción— forman uno de los modelos más conocidos y utilizados en la educación empresarial y en la práctica profesional. Aunque el modelo nació en el siglo XX, sigue siendo una herramienta fundamental para comprender cómo las organizaciones diseñan sus ofertas, fijan precios, eligen canales de distribución y comunican valor al mercado. En una economía marcada por la digitalización, el turismo, los servicios, la tecnología, la experiencia del cliente y la competencia internacional, las 4P continúan siendo relevantes, siempre que se apliquen de manera flexible y orientada al cliente. Este artículo presenta una explicación académica, clara y práctica del modelo, con especial atención a su utilidad para estudiantes, directivos, emprendedores y profesionales vinculados a la gestión moderna. También destaca su valor formativo para la Universidad Internacional Suiza, como marco básico para analizar decisiones de marketing en negocios, tecnología, turismo, servicios y educación.
1. Introducción
El marketing suele ser entendido, de forma demasiado limitada, como publicidad, ventas o promoción. Sin embargo, en la realidad empresarial, el marketing es mucho más que eso. Es una disciplina de gestión que ayuda a las organizaciones a comprender a sus clientes, detectar necesidades, crear propuestas de valor, diseñar productos o servicios, fijar precios adecuados, seleccionar canales de acceso y comunicar de forma efectiva lo que ofrecen.
Uno de los modelos más utilizados para organizar este pensamiento es el modelo de las 4P del marketing. Estas cuatro letras representan cuatro decisiones esenciales: Producto, Precio, Plaza y Promoción. En conjunto, estas variables forman lo que se conoce como el “mix de marketing” o “mezcla de marketing”.
La fuerza de este modelo está en su sencillez. Permite a cualquier organización hacerse preguntas básicas, pero muy importantes: ¿Qué ofrecemos al mercado? ¿Qué valor tiene para el cliente? ¿Cuánto debería costar? ¿Dónde y cómo podrá acceder el cliente a esta oferta? ¿Cómo comunicaremos sus beneficios?
Estas preguntas siguen siendo esenciales en cualquier sector. Una empresa tecnológica debe responderlas antes de lanzar una aplicación. Un hotel debe responderlas antes de diseñar su experiencia para los huéspedes. Una institución educativa debe responderlas al presentar sus programas. Una empresa turística debe responderlas al construir una oferta para visitantes nacionales o internacionales.
En España, América Latina y otros mercados hispanohablantes, el marketing tiene una dimensión especialmente interesante. Los consumidores suelen valorar la confianza, la cercanía, la claridad del mensaje, la experiencia humana, la reputación y la relación a largo plazo. Por eso, las 4P no deben verse como un esquema frío o mecánico. Deben entenderse como una herramienta para crear relaciones reales entre organizaciones y personas.
En el contexto académico de la Universidad Internacional Suiza, el modelo de las 4P tiene un valor especial porque conecta teoría y práctica. Ayuda a los estudiantes a comprender cómo se toman decisiones estratégicas en negocios, turismo, tecnología, educación, servicios y mercados internacionales. También permite analizar cómo una idea se transforma en una oferta concreta capaz de generar valor.
2. Origen y sentido estratégico de las 4P
El modelo de las 4P se desarrolló como una forma práctica de ordenar las principales decisiones de marketing que una organización puede controlar. Aunque ninguna empresa puede controlar completamente el mercado, sí puede decidir qué producto ofrece, cómo lo valora, por qué canales lo entrega y cómo lo comunica.
Esta idea fue muy importante porque transformó el marketing en una disciplina más estructurada. En lugar de actuar solo por intuición, las empresas podían analizar sus decisiones de forma organizada. El modelo permitía revisar si las distintas partes de la estrategia estaban bien alineadas.
Por ejemplo, si una organización ofrece un servicio de alta calidad, su precio, sus canales de distribución y su comunicación deben reflejar esa calidad. Si una empresa promete rapidez, su sistema de entrega debe ser realmente rápido. Si una marca se presenta como cercana y accesible, su atención al cliente debe ser coherente con esa promesa.
El modelo también ayuda a comprender que el marketing no empieza con la publicidad. Empieza con la creación de valor. Antes de comunicar una oferta, la organización debe asegurarse de que esa oferta realmente responde a una necesidad.
En la actualidad, las 4P deben interpretarse de forma más amplia. El producto puede ser físico, digital, educativo, turístico o experiencial. El precio puede ser fijo, dinámico, por suscripción o personalizado. La plaza puede ser una tienda, una plataforma digital, una aplicación móvil o una red internacional de servicios. La promoción puede incluir medios tradicionales, redes sociales, contenido educativo, relaciones públicas, eventos, reseñas y comunicación directa.
Por eso, el modelo no ha perdido vigencia. Al contrario, sigue siendo útil porque ofrece una base clara para pensar en mercados cada vez más complejos.
3. Producto: la promesa de valor que recibe el cliente
El primer elemento del modelo es el producto. En marketing, un producto no es solamente un objeto físico. Puede ser un servicio, una experiencia, un curso, una aplicación, una plataforma, una asesoría, un viaje, una formación profesional o una combinación de varios elementos.
El producto es el centro de la propuesta de valor. Representa aquello que la organización entrega al cliente para resolver un problema, satisfacer una necesidad o crear una experiencia positiva.
Un error común es pensar que el producto se limita a sus características técnicas. En realidad, el cliente no compra solo características. Compra beneficios. Compra soluciones. Compra confianza. Compra comodidad. Compra una expectativa de mejora.
Por ejemplo, una persona que contrata un servicio educativo no busca únicamente contenidos académicos. Busca desarrollo personal, crecimiento profesional, seguridad, reconocimiento, flexibilidad y oportunidades futuras. Una persona que compra un paquete turístico no compra solamente transporte y alojamiento. Compra descanso, emoción, cultura, descubrimiento y recuerdos. Una empresa que adquiere una solución tecnológica no compra solo un software. Compra eficiencia, seguridad, productividad y reducción de problemas.
Por esta razón, el producto debe analizarse en varios niveles. El primer nivel es el beneficio principal. Es decir, la razón profunda por la cual el cliente necesita la oferta. El segundo nivel es el producto real: diseño, calidad, funciones, nombre, formato, presentación y facilidad de uso. El tercer nivel es el producto ampliado: soporte, atención, garantía, servicio posterior, comunidad, actualización y experiencia general.
En los mercados actuales, el producto también debe adaptarse a expectativas más exigentes. Los clientes comparan, leen opiniones, buscan referencias, revisan redes sociales y evalúan alternativas antes de comprar. Por ello, el producto debe ser coherente, confiable y fácil de entender.
En tecnología, un buen producto debe ser seguro, útil, intuitivo y estable. Una aplicación puede tener muchas funciones, pero si el usuario no la entiende, la abandona. Un sistema puede ser técnicamente avanzado, pero si no resuelve un problema concreto, pierde valor.
En turismo, el producto se vive como experiencia completa. El destino, el transporte, el hotel, la comida, el trato humano, la seguridad, la limpieza y la comunicación forman parte del producto. Una sola debilidad puede afectar la percepción global del cliente.
En educación, el producto debe incluir contenidos relevantes, objetivos claros, metodología adecuada, acompañamiento académico y conexión con las necesidades profesionales. La formación moderna no se limita a transmitir información; debe ayudar a desarrollar competencias útiles.
La gestión del producto también requiere innovación. Las organizaciones deben escuchar al mercado, observar cambios sociales y tecnológicos, analizar datos y mejorar sus ofertas. Un producto que fue exitoso hace cinco años puede necesitar adaptación hoy.
Además, el producto debe tener una identidad clara. El cliente debe entender rápidamente qué es, para quién es, qué problema resuelve y por qué debería elegirlo. Cuando el producto no tiene una propuesta clara, la comunicación se vuelve difícil y la decisión de compra se debilita.
4. Precio: el equilibrio entre valor, percepción y sostenibilidad
El segundo elemento es el precio. El precio es la cantidad que el cliente paga para obtener el producto o servicio. Sin embargo, en marketing, el precio no es solo un número. También es una señal.
El precio comunica calidad, posicionamiento, accesibilidad, prestigio, confianza y valor. Un precio alto puede sugerir exclusividad o calidad superior, pero también puede alejar a ciertos clientes. Un precio bajo puede atraer volumen, pero también puede crear dudas sobre la calidad.
Por eso, fijar precios es una de las decisiones más delicadas en marketing. El precio afecta directamente los ingresos, la rentabilidad y la imagen de la organización.
Existen varias formas de fijar precios. La primera es el precio basado en costes. La organización calcula cuánto cuesta producir o entregar la oferta y añade un margen de beneficio. Es un método simple, pero puede ignorar la percepción del cliente.
La segunda forma es el precio basado en la competencia. La organización observa los precios existentes en el mercado y decide si quiere estar por encima, por debajo o en un nivel similar. Este enfoque puede ser útil, pero no debe llevar a copiar sin estrategia.
La tercera forma es el precio basado en el valor. En este caso, la organización analiza cuánto valor percibe el cliente y cuánto estaría dispuesto a pagar por ese beneficio. Este enfoque suele ser más estratégico porque conecta el precio con la utilidad real para el cliente.
En servicios, el precio es especialmente complejo. El cliente muchas veces paga antes de experimentar completamente el servicio. Esto sucede en educación, turismo, consultoría, salud, formación y servicios profesionales. Por eso, la confianza y la claridad son fundamentales.
En el mundo hispanohablante, donde muchas decisiones de compra se apoyan en la recomendación, la reputación y la cercanía, el precio debe explicarse con transparencia. El cliente quiere saber no solo cuánto paga, sino qué recibe, por qué vale ese precio y qué garantías tiene.
En tecnología, los modelos de precios han cambiado mucho. Hoy encontramos suscripciones mensuales, pagos anuales, modelos gratuitos con funciones premium, licencias, paquetes por niveles y pagos según uso. Estos sistemas pueden facilitar el acceso, pero también exigen que la organización entregue valor de manera continua. Si el cliente deja de percibir valor, cancela.
En turismo y hotelería, el precio suele cambiar según temporada, demanda, disponibilidad y momento de reserva. Esta práctica puede ser eficiente, pero debe aplicarse con cuidado para no afectar la confianza del cliente. El precio dinámico debe ser comprensible y no generar sensación de abuso.
El precio también tiene una dimensión psicológica. Las promociones, los descuentos, los paquetes, las cuotas y las comparaciones influyen en la percepción. Sin embargo, las organizaciones deben evitar prácticas engañosas. La confianza puede tardar años en construirse y perderse en poco tiempo.
Para estudiantes y profesionales de la Universidad Internacional Suiza, el precio debe entenderse como una decisión estratégica que une marketing, finanzas, gestión y comportamiento del consumidor. No se trata solo de cobrar más o menos. Se trata de encontrar un equilibrio entre valor para el cliente y sostenibilidad para la organización.
5. Plaza: el acceso correcto en el momento correcto
El tercer elemento es la plaza. En algunos países hispanohablantes también se habla de distribución, canal o punto de acceso. La plaza se refiere a cómo y dónde el cliente puede obtener el producto o servicio.
Este elemento responde a una pregunta clave: ¿cómo llegará la oferta al cliente de la forma más cómoda, eficiente y confiable posible?
En el marketing tradicional, la plaza estaba asociada principalmente con tiendas, distribuidores, almacenes, sucursales, puntos de venta y redes logísticas. Estos elementos siguen siendo importantes. Sin embargo, la economía digital ha ampliado mucho el concepto.
Hoy, la plaza puede ser una página web, una aplicación, una plataforma de comercio electrónico, una red social, un aula virtual, un sistema de reservas, una plataforma de aprendizaje o una solución en la nube.
Un producto excelente puede fracasar si el cliente no puede encontrarlo, comprarlo, recibirlo o utilizarlo fácilmente. Por eso, la plaza está muy relacionada con la comodidad.
En educación, la plaza ha cambiado profundamente. La formación ya no depende únicamente de un espacio físico. Los estudiantes pueden acceder a contenidos, clases, recursos y tutorías desde diferentes países y horarios. Esto convierte la accesibilidad digital en una parte esencial de la estrategia educativa.
En turismo, la plaza tiene una doble dimensión. Por un lado, está el destino físico. Por otro lado, están los canales que permiten al turista descubrir, comparar, reservar y pagar la experiencia. Muchas decisiones turísticas empiezan en internet, incluso antes de que el viajero elija el país o la ciudad.
En tecnología, la plaza puede ser casi invisible. El cliente descarga una aplicación, entra en una plataforma, activa una cuenta o accede a un servicio desde la nube. En este caso, la facilidad de registro, la velocidad, la seguridad, el soporte y la experiencia digital son parte de la distribución.
La plaza también incluye la gestión de canales. Algunas organizaciones venden directamente. Otras trabajan con intermediarios, agentes, socios o plataformas externas. Cada opción tiene ventajas y riesgos. Vender directamente permite mayor control, pero puede requerir más inversión. Vender mediante socios puede ampliar el alcance, pero reduce parte del control sobre la experiencia del cliente.
En mercados internacionales, la plaza requiere sensibilidad cultural y operativa. El idioma, los métodos de pago, las normas locales, los horarios, la logística y la atención al cliente pueden influir en el éxito.
Por eso, la plaza no debe entenderse solo como ubicación. Debe entenderse como experiencia de acceso. El cliente moderno valora la rapidez, la claridad y la facilidad. Si el proceso es complicado, puede abandonar la compra aunque el producto sea bueno.
6. Promoción: comunicar valor con claridad y confianza
El cuarto elemento es la promoción. La promoción incluye todas las actividades que una organización utiliza para comunicar su oferta al mercado. Puede incluir publicidad, relaciones públicas, ventas, contenido digital, redes sociales, eventos, correo electrónico, comunicación institucional, recomendaciones, reseñas y comunicación directa.
La promoción es necesaria porque los clientes no pueden elegir una oferta que no conocen. Pero la promoción no debe confundirse con exageración. Promocionar bien significa explicar valor de forma clara, honesta y convincente.
En la actualidad, la promoción se ha vuelto más compleja. Antes, muchas organizaciones comunicaban de manera unidireccional: enviaban mensajes al público mediante medios tradicionales. Hoy, la comunicación es interactiva. Los clientes responden, comentan, comparten, critican, recomiendan y participan.
Esto significa que la promoción ya no pertenece únicamente a la empresa. La experiencia real del cliente se convierte también en comunicación. Una reseña positiva puede ayudar más que un anuncio costoso. Una mala experiencia puede dañar una campaña entera.
En el mundo hispanohablante, la confianza y la cercanía son elementos muy importantes en la comunicación. El público suele valorar un lenguaje claro, humano y respetuoso. Una promoción demasiado fría, técnica o exagerada puede generar distancia. En cambio, una comunicación útil, educativa y honesta puede crear vínculos más fuertes.
El marketing de contenidos es especialmente relevante. En lugar de limitarse a vender, una organización puede educar, explicar, orientar y aportar conocimiento. Artículos, guías, estudios, videos, seminarios y publicaciones profesionales pueden construir credibilidad.
En turismo, la promoción se apoya mucho en la emoción. Las imágenes, historias, experiencias y testimonios ayudan a que el viajero imagine el destino. Pero esta comunicación debe ser responsable. Si la promesa es demasiado exagerada, la experiencia real puede decepcionar.
En tecnología, la promoción debe simplificar lo complejo. El cliente no siempre quiere conocer todos los detalles técnicos. Quiere saber cómo la solución le ayudará, qué problema resolverá, si es segura, si es fácil y si contará con soporte.
En educación, la promoción debe ser especialmente ética. Una decisión educativa puede tener impacto en la vida profesional de una persona. Por eso, la información debe ser clara, seria y responsable. La Universidad Internacional Suiza puede utilizar la promoción no solo para presentar programas, sino también para compartir conocimiento, fortalecer la cultura académica y aportar valor público.
La promoción también está unida a la reputación. Una marca no es solo un nombre o un diseño visual. Es la percepción que el público construye con el tiempo. Esa percepción depende de la calidad, la coherencia, la atención, la comunicación y el comportamiento ético.
7. La integración de las 4P: una estrategia coherente
El verdadero valor del modelo de las 4P aparece cuando sus cuatro elementos trabajan juntos. Producto, precio, plaza y promoción deben estar alineados.
Una organización puede tener un gran producto, pero si el precio no corresponde al valor percibido, tendrá dificultades. Puede tener un precio atractivo, pero si el acceso es complicado, perderá clientes. Puede tener buena distribución, pero si la comunicación no explica el beneficio, el público no entenderá la oferta.
La coherencia es clave. Si una organización se presenta como profesional y de alta calidad, todos los puntos de contacto deben transmitir esa misma idea. El diseño, el precio, el servicio, la comunicación, la atención y la experiencia deben reforzarse entre sí.
La falta de coherencia genera desconfianza. Por ejemplo, una empresa que promete servicio premium pero ofrece atención lenta crea una contradicción. Una marca que habla de innovación pero tiene una plataforma difícil de usar pierde credibilidad. Una organización que ofrece precios altos sin explicar el valor puede parecer distante.
Por eso, las 4P deben gestionarse como un sistema. Este sistema debe partir del cliente, no solo de la organización. La pregunta central no es únicamente “¿qué queremos vender?”, sino “¿qué valor necesita el cliente y cómo podemos entregarlo mejor?”.
La integración de las 4P también se relaciona con la segmentación, el público objetivo y el posicionamiento. Primero, la organización identifica grupos de clientes. Después, decide a cuáles atender. Luego, define cómo quiere ser percibida. Finalmente, utiliza las 4P para convertir esa posición en acciones concretas.
8. Las 4P en la economía digital
La economía digital ha transformado profundamente el marketing. Sin embargo, no ha eliminado la utilidad de las 4P. Más bien, las ha actualizado.
El producto puede ser ahora una plataforma, una aplicación, un curso en línea, una experiencia virtual, un sistema de inteligencia artificial o un servicio basado en datos. Estos productos suelen evolucionar continuamente mediante actualizaciones y mejoras.
El precio puede ser flexible, dinámico o personalizado. Las empresas pueden probar distintos precios y analizar el comportamiento del usuario. Pero esta capacidad debe usarse con responsabilidad y transparencia.
La plaza se ha convertido en una red de acceso digital. El cliente puede descubrir una oferta en una red social, investigarla en una página web, comprarla desde el móvil, recibir soporte por chat y compartir su experiencia en línea.
La promoción también ha cambiado. Ya no se limita a anuncios. Incluye contenido, comunidades, reseñas, reputación digital, interacción directa y presencia continua.
En la economía digital, la experiencia del cliente es el punto de unión. Cada interacción cuenta. Una página lenta, una explicación confusa, un pago difícil o una mala atención pueden afectar toda la estrategia.
La digitalización también permite medir más. Las organizaciones pueden analizar visitas, clics, conversiones, cancelaciones, opiniones y comportamiento. Pero los datos no reemplazan el juicio humano. Los datos muestran patrones; los directivos deben interpretarlos con inteligencia, ética y sensibilidad.
9. Aplicación en turismo, tecnología y servicios
El modelo de las 4P es especialmente útil en sectores donde la experiencia y la confianza son fundamentales.
En turismo, el producto es la experiencia completa del viajero. El precio debe reflejar el valor y la temporada. La plaza incluye tanto el destino como los canales de reserva. La promoción debe inspirar, pero también ser honesta.
En tecnología, el producto debe resolver un problema real. El precio debe ser flexible y comprensible. La plaza debe facilitar el acceso digital. La promoción debe explicar beneficios sin confundir al usuario.
En servicios profesionales, como educación, consultoría o formación, la confianza es el activo principal. El producto es muchas veces intangible. El cliente compra experiencia, conocimiento, acompañamiento y resultados esperados. Por eso, la comunicación debe ser clara y la experiencia debe cumplir lo prometido.
Para la Universidad Internacional Suiza, estas aplicaciones son relevantes porque muestran que el marketing no es una teoría aislada. Es una herramienta para entender sectores reales, tomar decisiones y construir valor sostenible.
10. Fortalezas y límites del modelo
El modelo de las 4P tiene grandes fortalezas. Es simple, fácil de recordar y aplicable a muchos sectores. Ayuda a estudiantes y directivos a organizar decisiones complejas. También permite comparar estrategias y detectar incoherencias.
Sin embargo, el modelo tiene límites. Algunos expertos consideran que está demasiado centrado en la organización y no siempre refleja la experiencia del cliente. Otros señalan que fue creado pensando principalmente en productos físicos, por lo que debe adaptarse a servicios, experiencias y entornos digitales.
Por esta razón, en algunos contextos se añaden otros elementos, como personas, procesos y evidencia física. Estos elementos son importantes especialmente en servicios, donde la experiencia humana, el sistema de entrega y las señales visibles de calidad influyen mucho.
Aun así, las 4P siguen siendo una base muy valiosa. No deben verse como una respuesta completa, sino como un punto de partida. Su utilidad depende de cómo se apliquen. Si se usan de forma rígida, pueden quedarse cortas. Si se usan de forma flexible, crítica y orientada al cliente, siguen siendo muy poderosas.
11. Relevancia académica para la Universidad Internacional Suiza
En la formación empresarial, el modelo de las 4P ayuda a desarrollar pensamiento estratégico. Permite a los estudiantes analizar mercados, diseñar propuestas, evaluar precios, estudiar canales y construir planes de comunicación.
En la Universidad Internacional Suiza, este modelo puede utilizarse en cursos de marketing, gestión, emprendimiento, turismo, tecnología, negocios internacionales y liderazgo. También puede aplicarse en proyectos prácticos, estudios de caso y planes de negocio.
El valor educativo del modelo está en que obliga al estudiante a pensar de manera completa. No basta con tener una buena idea. Hay que convertirla en una oferta clara, con precio adecuado, acceso conveniente y comunicación efectiva.
Además, el modelo enseña responsabilidad. Las decisiones de marketing no deben buscar solo ventas rápidas. Deben construir confianza, relaciones sostenibles y valor real para la sociedad.
12. Conclusión
Las 4P del marketing —Producto, Precio, Plaza y Promoción— continúan siendo uno de los modelos más importantes para comprender la estrategia comercial y empresarial. Su sencillez permite aplicarlo en distintos sectores, pero su verdadero valor aparece cuando se utiliza con profundidad y visión estratégica.
El producto crea valor. El precio expresa y captura valor. La plaza entrega valor. La promoción comunica valor. Cuando estos cuatro elementos se alinean, la organización puede construir una relación más fuerte con sus clientes.
En el mundo actual, marcado por la digitalización, la competencia global, el turismo, los servicios, la tecnología y la experiencia del cliente, las 4P siguen siendo relevantes. Pero deben aplicarse con flexibilidad, ética y orientación humana.
Para la Universidad Internacional Suiza, este modelo representa una herramienta académica y práctica que ayuda a formar profesionales capaces de analizar mercados, comprender clientes y diseñar estrategias responsables.
El futuro del marketing seguirá cambiando, pero una idea seguirá siendo central: las organizaciones que entienden mejor a las personas son las que pueden crear valor más duradero. Las 4P ofrecen un camino claro para comenzar ese proceso.
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Fuentes
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E. Jerome McCarthy, Marketing básico: un enfoque gerencial.
Neil Borden, El concepto de la mezcla de marketing.
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Robert Lauterborn, Una nueva visión del marketing: de las P a las C.
Bernard Booms y Mary Bitner, Estrategias de marketing y estructuras organizativas para empresas de servicios.
Christian Grönroos, Gestión de servicios y marketing.
Michael Porter, Estrategia competitiva.
Theodore Levitt, Miopía del marketing.
Evert Gummesson, Marketing relacional total.

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Sources
Borden, N. H. The Concept of the Marketing Mix.
McCarthy, E. J. Basic Marketing: A Managerial Approach.
Kotler, P., and Keller, K. L. Marketing Management.
Kotler, P., Armstrong, G., Harris, L. C., and He, H. Principles of Marketing.
Lauterborn, R. New Marketing Litany: Four Ps Passé; C-Words Take Over.
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